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La Santísima Virgen María, Reina del Cielo
   ¡Feliz Día de las Madres! Este domingo, los niños de la parroquia coronarán a la estatua de la Santísima Virgen en la iglesia.  Una niña pequeña subirá una alta escalera y alegremente le pondrá una diadema de flores en la cabeza de la estatua de madera, la cual se encuentra al lado de la estatua de San José.  Esto me recuerda de otro niño que felizmente se subía en una escalera de cincuenta pies del Departamento de Bomberos en la ciudad de Roma, para colocar una corona de flores y hojas verdes en la cabeza de la estatua de mármol de Nuestra Señora de la Inmaculada Concepción cerca de las Gradas Españolas.   Juan Pablo II era aquel niño que hacía esto por la Santísima Madre, y Benedicto continúa con este acto de devoción. 

¿Por qué nos enfocamos los Católicos tanto en María?  Puedo acordarme, como seminarista, como veía a otro estudiante con desdeño, cuando se ponía un prendedor de María en el cuello de la camisa.  ¿Por qué tanta efusión por María—”un niño de Mami.”  Lo mismo preguntaba la gente sobre la Madre Teresa—¿Por qué siempre se refiere a María y por qué siempre se aferra a las cuencas de su rosario durante reuniones públicas? 
   Pero entre mas envejezco, más lo comprendo.  Nuestra fe en realidad se encuentra en medio de estos dos polos, Jesús y María.  No es que María sea divina, o que ella se ganó aquel puesto en la historia de la salvación de la humanidad debido a su santidad.  Es simplemente que ella recibió un extraordinario—inefable— regalo de Dios: el dar a luz a la Segunda Persona de la Santísima Trinidad.  Nuestra fe ante todo se basa en Dios, pero no podemos comprender a Dios sin comprender lo que ya sabemos bien de El—que El nos ama; que El vino a la tierra para estar con nosotros, y que continuamente busca maneras de tener una relación con nosotros. 
   No es  que María, ni ningún otro humano, haya sobrepasado en amar a Dios, pero que El sobrepasó en su amor por ella, y que le dió a ella a Su Hijo Primogénito.  No podemos imaginarnos a Dios fuera de esta relación con nosotros, y esto se refiere precisamente a la relación de El con María. 
   Muchos de los mártires han muerto con las palabras “Jesús, María…” en sus labios.  Entre más envejezco, más comprendo lo simple que es: Jesús y María.  Ella es nuestra madre.  No podemos conocer a Dios enteramente sin conocer a Su madre.  Uno conoce a un hombre y conoce a Dios como El quiere que lo conozcamos, conociendo a Su madre.  En realidad es muy simple; Jesús y María.  Tome este mes de mayo para aprender a conocer mejor a la Santísima Madre María.