Hablando sobre el tema de nuestra “familia eclesiástica,” deseo compartir con ustedes, un momento familiar durante la Jornada Mundial Juvenil hace unas semanas. Nuestro grupo de 66 de nuestra parroquia y Sacred Heart, se unió a los 2 millones de jóvenes acampando en la base aérea militar en las afueras de Madrid. El calor era sofocante, y rezamos pidiendo por un alivio. Cuando el Papa llegó a las 7pm, vimos nubes de lluvia formándose en el occidente. 20 minutos después de que había comenzado la vigilia de oración, la tormenta comenzó, con grandes relámpagos, truenos y fuertes vientos. Al principio la gente empezó a tener pánico: ¡2 millones de personas sin refugio! Nos metimos debajo de cualquier cosa que pudiese cubrirnos del agua: bolsas de plástico, colchones de aire, pedazos de cartón. Pero mientras intensificaba la tormenta, uno de nuestros jóvenes, Daniel Menezes, de pronto tiró su bolsa de plástico y comenzó a guiarnos en canto y baile. Entre más duro llovía, con más gozo cantaba, y todos nosotros con él. Lo que antes era malo, so convirtió en una fuente de libertad y gozo. La multitud comenzó a bendecir a Dios por mandar la refrescante lluvia, y a no preocuparse por estarse mojando. En media hora la lluvia cesó, y el Papa volvió a exponer el Santísimo en la custodia. En 90 segundos, todos los que estaban cantando y bailando cayeron de rodillas en silencio. 2 millones de jóvenes se mantuvieron en silenciosa adoración por 15 minutos, hasta que el Papa comenzó la bendición eucaristica. Aprendimos a botar al aire nuestro temor y amar al Buen Dios que nos da lo que necesitamos, cuando lo necesitamos.

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